La psicobióloga Carmen Torres, del grupo ‘Psicología Comparada: Aprendizaje, Atención y Memoria’, estudia la relación entre el cerebro y la conducta para saber, entre otras cosas, por qué las personas bebemos alcohol. La experta participará en los microencuentros de la Noche de los Investigadores.
¿Cuál es el objetivo principal de vuestra investigación?
Nuestro grupo trabaja en Psicobiología, que es una especialidad de la Psicología que estudia la relación entre el cerebro y la conducta. Nos interesa saber qué mecanismos cerebrales pueden estar determinando que unas personas tengan más riesgos de volverse adictas al alcohol. En este campo trabajar con humanos tiene muchos problemas, sobre todo de tipo ético, por eso investigamos con animales (ratas). Nuestro trabajo consiste en analizar qué factores genéticos y ambientales modelan la conducta del consumo del alcohol.
¿Cómo estudian en las ratas la conducta humana asociada al consumo de alcohol?
El modelo básico de investigación consiste en un animal en una caja con dos botellas, una con alcohol y otra con agua, y dejarlo durante un tiempo largo para ver qué cantidad bebe de cada una de ellas. Hay animales que de forma espontánea prefieren beber agua antes que alcohol, y hay otros que prefieren justo lo contrario. Se supone que todos han sido criados en las mismas condiciones y en un ambiente idéntico, y sin embargo unos animales beben alcohol y otros no, la única explicación de estas diferencias es la genética. Y es que hay organismos que son más propensos a consumir alcohol porque su efecto es más reconfortante para su cerebro o en definitiva porque tiene unos genes más determinados para ello, y en humanos sucede lo mismo.
Entonces, ¿podemos decir que algunas de estas ratas están genéticamente más predispuestas que otras al consumo de alcohol?
Sí, hay cepas que están genéticamente predispuestas a beber y a no beber. Y lo que queremos saber es cuáles son las diferencias que tienen en el cerebro estos animales. El primer paso es ver si hay diferencias en la expresión de determinados genes, es decir, los animales tienen los mismos genes pero estos pueden estar más expresados en una cepa que en otra, en una parte del cerebro que en otras.
¿Cómo se estudia la expresión de determinados genes a nivel cerebral?
Utilizamos una tecnología muy complicada que se llama Microarray y que hace un barrido de más de treinta mil genes y dice cuáles están diferencialmente expresados en el cerebro, algunos de estos genes están asociados con la conducta de consumo de alcohol, porque la conducta tiene que ver con el funcionamiento cerebral y éste con procesos moleculares y genéticos. En definitiva esta técnica nos ayuda a saber qué genes pueden estar funcionando de manera diferente y haciendo que un animal sea más proclive que otro a consumir alcohol.
¿Estudian también los factores externos que afectan al consumo de alcohol?
Sí, también investigamos las condiciones ambientales que afectan en el consumo. Hay experiencias que pueden afectar directamente al consumo que hacemos del alcohol, situaciones de estrés, acoso, abuso, trastornos, una situación socioeconómica complicada… Nosotros estamos aislando e identificando algunos de estos factores para ver cómo afectan a la conducta de beber. En humanos hay determinadas experiencias de estrés que precipitan el consumo de alcohol de personas que genéticamente están predispuestas a no beber. Por ejemplo un soldado que ha tenido una experiencia traumática en una batalla o personas que han sufrido abusos sexuales en la infancia. Para poder investigar todo esto tenemos que poner a los animales en situaciones de estrés para ver cómo les afecta y si beben o no.
¿Cómo investigan el estrés en las ratas de laboratorio?
Para poner a estos animales en situación de estrés hay varios modelos, como por ejemplo colocar al animal en un tubo de agua del que no puede salir, inmovilizarlo durante un tiempo largo o incluso hacerles descargas eléctricas. Después de haber pasado por estas experiencias estas ratas beben más alcohol que otras que no han tenido que afrontar dichas situaciones de estrés. Sin embargo nosotros pensamos que estos modelos de estrés no se asemejan mucho a las experiencias que vivimos las personas. Por eso tratamos de buscar situaciones que se parezcan a las que nosotros sufrimos.
¿Es posible situar al animal en una situación que le genere un estrés similar al que sufrimos las personas?
Así es, nosotros usamos modelos de pérdida de reforzamiento. La mayoría del estrés que sentimos las personas es porque tenemos expectativas que luego no se cumplen, el querer un trabajo que no llega, intentar aprobar una asignatura, perder a un ser querido, tener un desengaño amoroso…. Todas son experiencias que conllevan una pérdida de reforzamiento. Para conseguir este efecto en los animales hemos probado varios modelos, uno de ellos consiste en darle a la rata una solución de azúcar durante varios días seguidos, la rata se acostumbra a esa recompensa y está feliz hasta que un día se encuentra que esa solución de azúcar no aparece más. Esta situación la estresa, la rata se pone nerviosa, se puede volver agresiva y tiene mayor predisposición a beber alcohol que un animal que no ha pasado por esta situación.
¿Qué apreciaciones observan en estos animales que pueden aplicarse a la especie humana?
Vemos que el efecto de la pérdida de recompensa sobre el consumo de alcohol depende de la carga genética. Si un animal es muy sensible al estrés va a beber más alcohol. Hay una interacción entre las condiciones ambientales y los factores genéticos que es la que va decidir si tanto un animal como una persona pueden desarrollar un cuadro adictivo o no. Hay un bagaje genético que te hace más o menos proclive al consumo de alcohol y luego una serie de experiencias que precipitan dicho consumo.
¿Los rasgos de la personalidad afectan también al consumo de alcohol?
Por supuesto, y es que los genes influyen también en el temperamento y la personalidad. Personas con rasgos más impulsivos son buscadores de sensaciones y más proclives a consumir alcohol y a consumir drogas porque buscan experiencias nuevas y es más fácil que caigan en adicciones. Hay rasgos de la personalidad predeterminados para ser más vulnerables, como los problemas de ansiedad o estrés que pueden derivar en una mayor facilidad para el consumo de alcohol.
¿Qué aplicaciones prácticas podría tener todo este conocimiento científico?
Si conocemos los factores que pueden determinar el consumo de alcohol podemos identificar qué personas son especialmente vulnerables a caer en la adicción de alcohol o drogas, y en base a ello desarrollar campañas de prevención personalizadas. Las campañas que son más generales tienen el problema de que a veces no saben llegar a determinados sectores.
Mira el vídeo aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=LN6sU_989ts&feature=youtu.be
Autor: Gabinete de Comunicación de la UJA (G.P.C.)
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