“Tenemos que dejar de vivir de espaldas a la naturaleza porque se nos acaba el tiempo”, advierte la investigadora de la UJA Raquel Jiménez en UniRadio Jaén

Raquel Jiménez, entrevistada por Julio A. Olivares.

El Director de UniRadio Jaén y conductor del programa ‘Campus: Panel de Expertos’ Julio Ángel Olivares Merino entrevistó a Raquel Jiménez Melero, profesora del Departamento de Biología Animal, Vegetal y Ecología de la Universidad de Jaén, dentro del marco de especiales dedicados a la Covid-19. Durante el trascurso del encuentro radiofónico, la investigadora expuso las relaciones entre el daño al medio ambiente y la transmisión de enfermedades zoonóticas y cómo la preservación de la naturaleza puede proteger ante futuras pandemias.

Raquel Jiménez se reafirmó en la opinión que viene subrayando en diferentes entrevistas, indicando que “sin ciencia, sin educación y sin medio ambiente no hay futuro”. Según la investigadora de la UJA, estas palabras están en sintonía con una cita del ecologista senegalés Baba Dioumen en las que éste afirma que “al final solo conservaremos aquello que amamos, sólo amaremos aquello que comprendamos, y sólo comprenderemos aquello que nos hayan enseñado”. Se trata, en definitiva, de comprender la importancia de la Educación y la transmisión del conocimiento basado en el método científico con el objetivo de preservar el medio ambiente.

De acuerdo con la invitada, “la relación insalubre que mantiene el ser humano con su entorno natural es la causa del incremento de la transmisión de enfermedades X”, aquellas que pueden pasar de los animales a las personas. La OMS lleva alertando acerca de esta correlación desde hace 15 años, pero los Gobiernos no atienden a dicha llamada pues un cambio en este sentido supone poner en riesgo el modelo económico del capitalismo actual. Jiménez apuesta por un plan Marshall mundial en temática medioambiental que deje a un lado los compromisos estériles.

De la misma forma, la experta en Ecología defiende un nuevo modelo económico circular basado en la justicia ambiental y en el método científico, que permita volver al consumo racional de hace 70 años pero con las tecnologías actuales, y que, además, aliente a los países más contaminantes a cambiar sus políticas, ayudados desde los países más desarrollados, porque de lo contrario “estamos creando una bomba de relojería y no sabemos cuál será la respuestas de los ecosistemas, siendo la pandemia actual una de ellas”.

La ecóloga quiso, por otra parte, destacar por qué la biodiversidad es un seguro contra la expansión de enfermedades pandémicas. En primer lugar, se refirió al control poblacional que realizan los depredadores eliminando a las posibles presas portadoras de la enfermedad; en segundo lugar, la dilución de la carga vírica entre las distintas especies huésped, que evita la concentración en especies próximas al ser humano, las transmisoras por zoonosis. Por último, destacó la diversidad genética intraespecífica que amortigua el efecto del virus, tal y como se demuestra en la expansión del coronavirus entre las poblaciones humanas y que afecta diferencialmente según su sexo y edad.

Prueba de todo ello son, a juicio de Jiménez Melero, las más de 200 enfermedades humanas que provienen de los animales, como el Zika, el Ébola u otros coronavirus tales como MERS o SARS. En todos los casos, son enfermedades que se han visto favorecidas por el cambio climático provocado por las actividades humanas, que en su conjunto, forman sinergias que fomentan la expansión de enfermedades y el debilitamiento del sistema inmunitario. Estos efectos sinérgicos conforman el denominado “cambio global”.

Para finalizar la entrevista, la investigadora recordó que se está a tiempo de actuar pero que “para ralentizar el cambio global tenemos que echar el freno de emergencia ahora mismo y dejar de vivir de espaldas a la naturaleza”. En su opinión, hay que escuchar estas verdades incómodas sobre los catastróficos efectos que trasladan las voces entendidas de ecólogos como Fernando Valladares, quienes, según denuncia la investigadora, “son considerados como científicos de segunda”. Se trata, por tanto, de buscar soluciones basadas en la naturaleza, con sentido común, ya que en esta marcha contrarreloj “cuanto más tiempo tardemos en dar una respuesta ante la crisis global y climática que vivimos, más vidas se perderán”.

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Autor

Fuente: UniRadio Jaén (M.P. R.).